La prueba de ajuste facial, conocida internacionalmente como fit test, es un procedimiento normalizado que verifica que un equipo de protección respiratoria (EPR) concreto se ajusta correctamente al rostro de un trabajador específico, proporcionando el nivel de protección esperado. Cada persona tiene una morfología facial diferente, y un equipo que se ajuste bien a un trabajador puede no sellar adecuadamente en otro. El fit test cuantifica o verifica esta estanqueidad mediante métodos estandarizados. Existen dos tipos principales: el fit test cualitativo, que utiliza sustancias de sabor u olor para verificar fugas, y el fit test cuantitativo, que mide numéricamente el factor de ajuste mediante instrumentos como el PortaCount. Para trabajos con amianto, donde la protección respiratoria es crítica para prevenir enfermedades mortales, el fit test es un requisito esencial de seguridad que debe realizarse para cada trabajador con cada modelo de máscara.
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El fit test debe repetirse al menos una vez al año, cuando el trabajador cambia de modelo o talla de máscara, después de cirugía dental u facial que pueda alterar la morfología del rostro, cuando el trabajador experimenta pérdida o ganancia significativa de peso, y cuando el trabajador nota o sospecha fugas durante el uso del equipo.
La norma UNE-EN 529 y las directrices del INSST establecen que los equipos de protección respiratoria de ajuste facial deben ser sometidos a pruebas de ajuste antes de su uso. Para trabajos con amianto, donde las consecuencias de una protección inadecuada son enfermedades mortales, el fit test es un requisito de seguridad ineludible. Las empresas inscritas en el RERA deben demostrar que su personal dispone de fit tests actualizados.
El fit test cualitativo utiliza sustancias de sabor (sacarina, Bitrex) o irritantes para verificar si el trabajador detecta la sustancia dentro de la máscara; el resultado es pasa/no pasa. El fit test cuantitativo utiliza instrumentos (como el PortaCount) que miden numéricamente la relación entre la concentración de partículas fuera y dentro de la máscara, proporcionando un factor de ajuste numérico. Para amianto se recomienda siempre el método cuantitativo por su mayor fiabilidad.
El coste de un fit test varía entre 30 y 80 euros por trabajador para el test cualitativo, y entre 60 y 150 euros para el test cuantitativo. Existen tarifas especiales para grupos de trabajadores de una misma empresa. El servicio puede realizarse en las instalaciones de la empresa o en centros especializados. Considerando que protege frente a enfermedades mortales, es una inversión mínima.
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